miércoles, 22 de enero de 2014

BUENOS DÍAS



OFRENDA

Como esta lluvia leve
que acaricia la tarde,
como aquel sol de invierno
meridianamente dulce,
como el tacto del agua,
claridad que no acaba,
suave así la ternura
que de tu vida emana
y, en verso, a ti regresa.

I

Nada añadió el sueño
-clásico simulacro de la muerte-
del qué todos los días,
de ti necesitado,
lleno de amor y vida resucito.

II

En la noche silente
como manos me acarician tus palabras,
mi alma sueña con ellas
y al despuntar el día
aún resuena su dulzura en mi piel.

III

Claramente te veo
cuando cierro los ojos cada noche,
en mi alma iluminada
sólo tu permaneces
cuando todas las luces se apagan.

IV

A veces en la noche
también me habla el silencio, tu silencio,
con claridad me dice
todo lo que has callado
y yo, calladamente, deseo tu bien.

V

Lejana te he soñado
entre danzas y hogueras saturnales,
yo desde el fuego vivo
te miraba doliente
tu, en trance, no veías mi arder.

VI

Comienza un nuevo día
y tú eres como siempre la primera
imagen que yo veo,
tan etérea y sutil
que empiezo ya a dudar de tu existencia.

VII

De mi otra tierra me habla
la mañana rumorosa de mares,
las olas del recuerdo
esparcen en mi almohada
aromas de sal, de mirto, de ti.

VIII

Y no amanecerá
hoy si tú, amor, no me amaneces,
despiértame un día más
e ilumina mi mundo
para que así la vida continúe.

IX

Te anunciaba ya el alba
tras la dulzura tierna de la noche,
y estas luces primeras
te revelan diáfana
como esencia creadora de mis días.

X

Reivindico la noche
para despertar muerto entre tus brazos.
Habrás sido mi vida
y esta muerte aparente
vendrá a justificar todas las vidas.

...Y BUENOS DÍAS

Aunque la noche sea
más noche cada vez, no cambia el deseo
de que seas feliz siempre:
muy buen día que tengas
hoy y cada día de tu existir.



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jueves, 9 de enero de 2014

CERTEZA (DUDA)

Para Martí de Veses

Pretendes llamar duda a la certeza
por no admitir que el mundo
con el que tú has soñado
es justamente un sueño
del que despiertas cada nuevo día,
que cada nuevo día reconstruyes
eligiendo escenarios, personajes,
atrezos tan limítrofes y absurdos
como tu propio empeño,
tan endebles que apenas sobreviven
al paso de las horas,
que te golpean cuando en un resquicio
de lucidez contemplas con asombro
el seguro deambular de los otros
instalados en vidas
tan ajenas por suyas
como por previsibles
a los ojos de quien busca en la niebla
la certeza indudable.
Pero la niebla es la única certeza
aunque la llames duda
y tú la única duda
en la que puedes hallar la certeza.
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martes, 7 de enero de 2014

ARQUÍMEDES NO CONOCIÓ A CECILIA

Para Cecilia Aitena SB

Décimas de segundo por el fotógrafo
captadas, nos enseñan la belleza
que hurtó la matemática a la vida:
veló noches y noches
en Siracusa Arquímedes
para urdir su espiral indescriptible;
Cecilia la trazó en un solo momento
peinando su melena en el estanque.
¡Qué hubiera sido de la geometría
si los alejandrinos
la hubieran conocido!


Cecilia en el paraíso




Tan solo hay que peinarse la melena con la fuerza de un ciclón



No es difícil.





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AUSENCIAS




I

Como un ciego Edipo,
en la oscuridad amo tu ausencia
que, anulando el deseo,
muestra la verdad clara
de un solitario amor que nada espera.

II
Vivo tu ausencia en calma,
en plenitud de versos transparentes,
porque no necesita
el amor que yo quiero
nada más que saber de tu existencia.

III

Hoy tengo que decir
que en el mágico vacío de la noche
me es presente tu ausencia.
"Plenitud de la ausencia"
le llamaré yo si a ti te parece.

IV

No invadirá la ausencia
el alma de ti habitada y siempre llena
ni el tiempo ni el espacio
alejarán mi mente
del límpido existir de tu conciencia.

V

Si consiste tu ausencia
en esta comunión de pensamientos
y recuerdos amables,
bien hallada que sea
pues aviva la luz de mi propósito.

VI

Ni ausencia ni saudade
de ti existe: nunca dejaste mi alma
sola ni abandonada.
La alimenta tu huella
indeleble y, como tu piel, clara.

VII

Amanece en tu ausencia
pero tú le vas dando forma al día
y poco a poco emerges,
aún entre dos luces,
para darle también forma a mi vida.

VIII

Siento tu cercanía
a pesar de la ausencia inevitable:
nunca dejó de estar
todo aquello de ti
que ya mágicamente vive en mí.

IX

No existe la ausencia
cuando los pensamientos se comparten,
una suave atadura
liga nuestros espíritus
más allá del periplo de los cuerpos.

X

Entretuve tu ausencia
escribiendo estas liras de consuelo.
Ya no da más de sí
la cuerda destemplada.
Aparece ahora, ven, yo te espero.

PRESENCIA

Compruebo en tu presencia
la verdad gozosa de un alto amor
que sublima el deseo
pues tu cuerpo bellísimo
no me abstrae de la belleza de tu alma.




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viernes, 3 de enero de 2014

TRÍPTICO DE LA CALLE CONCEPCIÓN.



Para Laura Moreno Gomar

I

También están los bares
y las muecas nocturnas de cerveza,
y un amor escondido
que no irá más allá
de la carrera de un taxi apestoso.

Y el escalón meado
donde se sientan tristes las borrachas
y en el que los mendigos
se atragantan de sorbos
robados a la noche entre delirios.

Y el muchacho del perro
que inventa historias nuevas cada día,
de liebres encamadas
y viajes imposibles
a las negras ciudades del insomnio.

Pero también nosotros,
de la misma madera que el rumano
y la vieja beoda
y la bípeda garza
de interminables piernas y nalgas breves.

Y tú también, a veces,
ajena a la bohemia trasnochada
y a los vapores acres
del licor de garrafa,
tú, diferente a todo entre la bruma. 


II

Doblaban las esquinas
como gacelas que huyen del incendio,
el alcohol en los ojos
y en los desnudos vientres
la antigua mordedura de lo absurdo.

¿Qué río las esperaba
de plomo y alquitrán al otro lado,
qué oscuro cazador,
qué bosque ennegrecido
por la cansada noche de lo inane?

Solo luces del alba
que no verán sus ojos de granito,
pálpitos cotidianos
que no tienen su eco
en el valle sombrío de la muerte.

Tras la noche, otra noche
y un cierto desamparo nauseabundo
que despertará apenas
el cartón de sus labios
tan seco, tan ajado, tan inútil.

Y a tropel volverán
a recorrer la calle que no duerme,
volverán a incendiar
de aullidos los zaguanes
y un mandril morirá otra vez en vano.

III

Plácidamente duerme,
sueña otra vez su vida sin nostalgia
alejado del mundo,
rey al fin de la noche;
no inquietéis al león del Serengueti.

Pues no ajeno al deseo,
su rugir sosegado en la alborada
todavía despierta
atávicos instintos
en la joven belleza del desierto.

No anheléis su presencia
pues acudirá presto a la llamada
del amor, incansable
paseará su arrogancia
por la arena dorada del recuerdo.

Mas ya no le conviene
a su corazón noble pero herido
la ardua y feroz contienda
del cortejo amoroso,
la liturgia ancestral de lo evidente.

Dejadlo que descanse
y en su sueño recuerde la belleza,
ya para siempre suya,
del último combate.
No inquietéis al león del Serengueti.


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