jueves, 5 de enero de 2012

Wagner. El Anillo del Nibelungo.

Todos recordamos a Woody Allen diciendo en Misterioso asesinato en Manhatann aquello de "es que si oigo mucho rato a Wagner me entran ganas de invadir Polonia".

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Pero también sabemos todos que si algo caracteriza al fascismo y al nacionalsocialismo es su ausencia de base ideológica por lo que ha de buscarla en la manipulación de aquellas tendencias intelectuales que les parezca que se prestan. Así ocurrió en España con el 98 y en Alemania con Nietzsche y con Wagner entre otros. Dicho esto, hablemos de arte.
Dice José Mª Martín Triana en El Libro de la Ópera: "Desde el prólogo de El Anillo del Nibelungo -sin duda alguna, la obra más ambiciosa de toda la historia de la música, en la que Wagner trabajo desde 1852 a 1857, y desde 1869 hasta 1874, es decir, doce años-, resulta admirable la forma en que el compositor logra mantener la atención del oyente, almismo tiempo que hace crecer la tensión dramática sin un momento de respiro."
En su deseo de encontrar el arte total, Wagner crea el drama musical, no estamos ante óperas en que podamos encontrar arias ni bellcantismo sino ante un festival escenico en tres jornadas y una velada preliminar en que se desarrolla maravillosamente sistematizada por el propio compositor toda la mitología germánica antigua extraída tanto de la Edda islandesa, como de la Volsunga Saga noruega como del Nibelungen Lied aleman. Su representación requiere no sólo de grandes cantantes sino también de grandes actores que no nos cuentan en escena lo que ha sucedido sino que representan en escena lo que sucede, el robo del oro, las apariciones y desapariciones, las transformaciones, la forja de la espada Notung, la muerte del dragón Fáfner..., sin solución de continuidad, igual que tampoco la tiene la música que suena como si de una sinfonía se tratara y con el modernísimo recurso de los leit - motive que nos remarcan la presencia de un personaje o de un objeto o de una situación. La revisión de la tetralogía, -El Oro del Rin, La Walquiria, Sigfrido y El Ocaso de los Dioses-, ha hecho mis vacaciones de invierno aún más placenteras. Acabaré con dos cositas más: la primera es añadir a este monumento musical otros dos: La Pasión según San Mateo de J.S. Bach y la 8ª Sinfonía de Gustav Mahler, la segunda, una cita de Platón en La República: "...la educación musical es de suma importancia a causa de que el ritmo y la armonía son lo que más penetra en el interior del alma y la afecta más vigorosamente, trayendo consigo la gracia,  y crea gracia si la persona está debidamente educada, no si no lo está. Además, aquel que ha sido educado musicalmente como se debe [...] alabará las cosas bellas regocijándose con ellas y, acogiéndolas en su alma, se nutrirá de ellas hasta convertirse en un hombre de bien." 


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